Delia Patricia Padilla Olivera
Colombia – Corregimiento de Flor del Monte (Ovejas - Sucre).
Cambio clave: Pasar de sentirse inferior y decir “no puedo” a reconocerse capaz transformó su manera de decidir y de proyectarse.
En la subregión de Montes de María, en el departamento de Sucre, Delia Patricia Padilla Olivera, mujer víctima del conflicto armado e integrante de ASOMVIFLOR —Asociación de Mujeres Víctimas de Flor del Monte—, pasó años sintiéndose pequeña dentro de su propia vida.
Cuando habla de cómo era antes de vincularse a la organización no se describe simplemente como tímida. Lo dice con claridad: era sumisa. Vivía bajo el dominio de su pareja. Él trabajaba y sostenía económicamente el hogar; ella no generaba ingresos y comenzó a creer que eso definía su valor. “Más que todo sufrí un maltrato psicológico”, explica, sin dramatismo, como quien reconoce una etapa que ya no la determina.
No le gustaba salir ni explorar otros espacios. Por eso, cuando la invitaron a participar en ASOMVIFLOR, dudó. No se veía en un proceso colectivo ni imaginaba que tuviera algo que aportar. Aun así asistió. Escuchar a otras mujeres hablar de trabajo, de autonomía y de ingresos propios le permitió empezar a cuestionar lo que había normalizado durante años. Lo recuerda como “un rayito de luz… un rayito de esperanza”.
Dentro de la organización comenzó a participar en dos líneas productivas que hoy sostienen el proceso colectivo. Una de ellas es la elaboración de artesanías con mostacillas. Las primeras clases la enfrentaron con su propia inseguridad. Cada pieza que parecía compleja activaba la misma reacción: “siempre era un ‘no puedo’ y un negativismo”. Con el tiempo entendió que esa voz no provenía de la dificultad del trabajo, sino de una creencia instalada. “Ese no puedo me lo decía yo a mí misma… sabiendo que sí tenía las capacidades.” Decidió probarse lo contrario. Terminó una pieza, luego otra, y empezó a recibir un ingreso por cada trabajo elaborado. “No es mucho”, reconoce, “pero sí uno se puede ayudar con eso.” Ese ingreso, aunque modesto, cambió la manera en que se percibía dentro del hogar.
La segunda línea es la cría de ovinos. Allí las integrantes asumen responsabilidades específicas y reciben un porcentaje según el área en la que trabajan. El cuidado de los animales, la organización de las tareas y la expectativa de crecimiento del proyecto le dieron a Delia una experiencia distinta, participar en una actividad productiva que exige constancia y planificación. Entender que el resultado no depende de una sola persona sino del trabajo compartido fortaleció su sentido de pertenencia y su independencia económica.
Más allá del ingreso, el proceso incluyó formación y espacios de intercambio que reforzaron su confianza. La mujer que antes evitaba hablar ahora se sienta junto a otras que repiten el mismo “no puedo” que ella dijo durante años y les explica paso a paso cómo avanzar.
Con el acompañamiento del proyecto #ArraigoCaribe, implementado por We Effect y financiado por la Embajada de Suecia en Colombia, y el fortalecimiento organizativo impulsado por FEDECARIBE, Delia amplió el horizonte que había considerado posible para sí misma.
Viajar a Bogotá para participar en una de las ferias agropecuarias más importantes del país fue parte de ese proceso. Para alguien que se reconoce campesina y que llama a la tierra su “alcancía”, estar en un espacio donde el trabajo rural ocupa el centro fue significativo. “Nunca pensé que yo iba a llegar a Bogotá a esto y que iba a tener ese conocimiento que adquirí allá”, cuenta. Volar por primera vez y conocer la capital hicieron parte de la experiencia, pero lo que más la marcó fue comprender que su trabajo y el de su organización podían dialogar con escenarios más amplios.
Hoy se define como madre soltera, ama de casa y “una mujer que hace miles de cosas”. Siembra maíz y yuca y piensa en el futuro con la misma lógica con la que cuida la tierra: lo que se cultiva con paciencia termina dando fruto.
Por eso, cuando le preguntan qué quiere ahora, no habla solo de vender más ni de producir más. Habla de formarse. “A mí sí… me gustaría estudiar… ser promotora campesina en el área del campo, porque me gusta, en verdad me gusta el campo.” No lo dice como un sueño lejano, sino como un paso siguiente.
Delia ya no se define por el lugar donde la pusieron otros. Se define por lo que está dispuesta a aprender y a construir.
Texto de la serie #StoriesOfChange.
Desarrollado por Juan David Betancourt y Ana Daniela Morales Flórez, para el proyecto #ArraigoCaribe de We Effect Colombia.
Basado en la entrevista a Delia Patricia Padilla Olivera